Por: Tito Olivo
Economista y analista geopolítico
Todos estábamos preparados para que Iván Cepeda, si no ganaba en primera vuelta, quedara en un primer lugar. Sin embargo, el escenario fue distinto. Factores estratégicos en la dirección de la campaña permitieron que Abelardo de la Espriella —con un cuestionable historial de defensa a narcotraficantes y acusaciones de estafa— alcanzara la sorpresiva cifra de 10,361,499 votos (43.74%). Cepeda quedó relegado al segundo puesto con 9,668,361 votos (aproximadamente el 40.8%).
En la antesala electoral, la mayoría de las encuestas situaban a Cepeda diez puntos por encima de De la Espriella. No obstante, por una suerte de aceleración vertiginosa de último minuto, el candidato de la derecha logró rebasarlo, dejando un sabor agridulce entre quienes respaldamos el proyecto del Pacto Histórico.
Este revés responde a una compleja combinación de variables tácticas y políticas:
- Primero: El rol de la empresa privada a cargo del procesamiento de datos, vinculada a sectores de la extrema derecha. Se evidenciaron anomalías graves en el manejo del censo, permitiendo la supuesta inclusión de más de 800,000 votantes no registrados de forma regular.
- Segundo: La injerencia externa. El presidente de Ecuador intervino al declarar que, ante un eventual triunfo del «Tigre» (como se conoce a De la Espriella), eliminaría los aranceles vigentes a Colombia. Esta promesa resulta engañosa, pues dicha medida ya había sido levantada formalmente en el marco de la Comunidad Andina, organismo al que pertenecen ambas naciones.
- Tercero: La falta de vigor y color en la campaña de Cepeda durante la primera vuelta. Su aparición en la plaza pública se percibió acartonada, limitándose a leer discursos sin la vehemencia necesaria para defender los logros de la izquierda. Faltó alertar con fuerza que un retorno de la derecha pone en riesgo esos derechos sociales y resucita el peligro de los «falsos positivos», donde los sectores más vulnerables históricamente pagaron el costo de la represión.
- Cuarto: Una deficiente coordinación internacional. Hubo fallas evidentes en el despliegue estratégico de los observadores en el territorio y en su oportuno registro ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), restándole ojos críticos al Pacto Histórico dentro del organismo rector.
- Quinto: La fractura en la estructura interna y territorial. La desconexión entre el mando central y las regiones dejó la movilización a merced de la voluntad espontánea de las bases. Peor aún, se marginó el liderazgo de figuras clave como la vicepresidenta, cuyo capital político es incuestionable en la Costa Caribe.
El momento actual no es para el lamento, sino para el aprendizaje y el ajuste de líneas. Es hora de tensar las riendas, adoptar un discurso enérgico y propositivo, y neutralizar la ofensiva de la derecha. Para ello, es indispensable analizar la radiografía geográfica y departamental de esta primera vuelta; un tablero ajustado que define los frentes de la verdadera «batalla campal» de cara al balotaje del 21 de junio.
La distribución del voto en Colombia reitera la histórica fractura entre el centro urbano/andino y las regiones periféricas:
1. El comportamiento en las grandes ciudades
- Bogotá (El fortín de Cepeda): La capital respaldó a Iván Cepeda con un 41.93% frente al 35.48% de De la Espriella. Como plaza tradicionalmente de centroizquierda y progresista, ganar aquí era un imperativo. El desafío para la segunda vuelta radica en elevar sustancialmente los niveles de participación para ampliar la ventaja en términos absolutos.
- Medellín y Antioquia (El bastión de De la Espriella): Tal como se preveía por el arraigo del uribismo y las fuerzas conservadoras, De la Espriella barrió en la región. Con la adhesión de Paloma Valencia (Centro Democrático), el voto de derecha inyectado desde Antioquia se unifica, otorgándole al candidato opositor un piso de crecimiento formidable.
2. La radiografía de los departamentos
El mapa electoral calcó patrones de contiendas pasadas:
- La periferia con Cepeda: El Pacto Histórico dominó la Costa Caribe (Atlántico, Magdalena, Bolívar y Sucre), el Pacífico colombiano (Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño) y las regiones de la Amazonía y la Orinoquía. Estas zonas sintonizan con las banderas de la «paz total», pero suelen registrar tasas altas de abstención en las urnas durante la primera vuelta.
- El Centro y el Eje Cafetero con De la Espriella: Bajo la plataforma Firmes por la Patria, el candidato derechista se impuso en los Santanderes, el Eje Cafetero (Caldas, Risaralda, Quindío), Tolima, Huila y gran parte de los Llanos Orientales. Su narrativa de mano dura, reactivación económica y reducción del aparato estatal caló profundamente en los sectores empresariales y agrícolas del interior.
¿Dónde se define la presidencia para Iván Cepeda?
Considerando que el retiro de Paloma Valencia proyecta a De la Espriella hacia la frontera de los 12 millones de votos, la estrategia de Cepeda para las próximas tres semanas no consiste en convencer al electorado de derecha, sino en ejecutar tres operaciones urgentes de movilización:
- Bogotá y el Valle del Cauca: No basta con ganar porcentualmente; se requiere un caudal masivo de votos en las urnas de la capital y de Cali, sacando a los abstencionistas de sus casas.
- La Costa Caribe: Históricamente, el Caribe define las segundas vueltas cuando sus maquinarias y liderazgos se activan a plenitud. Si Cepeda logra elevar la participación en esta región entre un 5% y un 10%, la ventaja de su rival se diluirá.
- El voto joven urbano: Es vital activar los centros universitarios y las ciudades intermedias (como Bucaramanga, Pereira o Ibagué), donde el voto alternativo y de centro quedó huérfano tras la primera vuelta.
La contienda sigue abierta. Mientras De la Espriella intentará capitalizar el «miedo al continuismo», Cepeda debe apostar por una gran coalición nacional fundamentada en la defensa de los derechos sociales y la paz.
Para vencer la unificación de la derecha —la cual no es absoluta, dado que el candidato a la vicepresidencia de la facción de Valencia ya ha tomado distancia de sus posturas—, el Pacto Histórico requiere un discurso contundente y un despliegue organizativo impecable en defensa del voto. El tiempo apremia, pero si existe la determinación política de vencer, se ganará por encima de cualquier adversidad este 21 de junio.










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