Eleazar Mujica Sánchez[1]

[1] Sociólogo Summa Cum Laude (UCV). Especialista en política y comercio petrolero internacional (UCV). Doctor en Ciencias Sociales (UCV). Profesor-jefe del Departamento de Análisis Económico, Político y de la Planificación, Escuela de Sociología FaCES-UCV. Profesor de Posgrado (Especialización y Maestría) en Economía y Administración de Hidrocarburos (FaCES-UCV). Profesor de Geopolítica en la Universidad Venezolana de los Hidrocarburos (UVH). Profesor de Política y Economía Petrolera en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual (IAEDPG) Profesor en la Academia Militar Bolivariana- FANB. Director de la Gestión de Investigación del Servicio Autónomo Instituto de Estudios Petroleros (SAIEP)-MINPET.
Email: asesor.politicapetroleo21@gmail.com
Desde la República Bolivariana de Venezuela, el profesor y Dr. Eleazar José Mujica Sánchez, nos presenta este 7 de mayo para Tiempo Latino la segunda parte de su novedoso trabajo sobre el rol del Sur Global en el presente y futuro en la reconfiguración de la geopolítica petrolera mundial en el Siglo XXI. Una verdadera contribución que desde el pensamiento crítico reivindica las luchas del Sur Global.
El Sur Global y su rol en el Presente y Futuro en la Reconfiguración de la Geopolítica Petrolera Mundial en el Siglo XXI.
Está claro que el petróleo seguirá siendo el motor económico que impulsará directamente una amplia gama de industrias, incluyendo petroquímica, transporte y automotriz, energética, construcción, agricultura e incluso farmacéutica y cosmética. A diferencia de otras fuentes de energía, como materia prima continuará siendo un referente primordial de una vasta y diferenciada industria que engloba desde los polímeros hasta las vinculadas con las ciencias de la salud, así como con los equipos de alta tecnología. Ergo, no está en discusión su alto valor económico y social e influencia a escala global, ya que seguirá siendo la base de decenas de miles de productos derivados.
Todo esto revela un rol central del Sur Global —particularmente, de las regiones del Asia Occidental (desde la epistemología del Sur, asumimos esta categoría en lugar del Medio Oriente) y de América Latina y el Caribe (ALC)— en la geopolítica petrolera mundial en el siglo XXI. De hecho, las primeras cuatros regiones con las mayores reservas de petróleo están en el Sur Global, por tanto, al Asia Occidental y ALC se suman en importancia: África y la región de Rusia-Euroasia. No es casual que en el Sur Global se encuentren más del 90% de las reservas globales certificadas de petróleo.
Sobre la importancia estratégica del petróleo, debo subrayar que, la misma Agencia Internacional de la Energía (AIE) que había venido reiterando hasta el 2024 que el techo del consumo petrolero se alcanzaría antes de 2030, publicó tardíamente el 12 de noviembre de 2025, su informe anual World Energy Outlook (Panorama Energético Mundial) de 518 páginas que, tras analizar y proyectar las tendencias globales de oferta y demanda energética, reconoce que si bien el planeta ha entrado definitivamente en la “era de la electricidad”, cimiento indispensable para la descarbonización, la demanda petrolera seguirá creciendo hasta 2050 en términos absolutos. Su director ejecutivo, desde el 2015, Fatih Birol —quien está en esa organización desde mediados de los años 90 del siglo XX, cuando ingresa como analista junior, luego de haber trabajador en la OPEP— reconoce la ponderación que la OPEP hace del petróleo. Esto resulta notable, considerando que la AIE, nació en 1974, como una especie de anti-OPEP a raíz de la crisis energética de 1973 derivada de la guerra de Yom Kipur.
A propósito, es importante aclarar que, en la actualidad en el ámbito de la electricidad, los combustibles fósiles contribuyen con alrededor del 60% sobre la generación de electricidad a escala mundial. Dentro de estos, en el sector eléctrico, el carbón es el principal combustible primario con un 34%, le sigue el gas natural con 20% y el petróleo con una muy pequeña participación, apenas un 2%. En contraposición, sumando un 41% en la generación eléctrica, se encuentra las energías renovables con un 18%, seguida de la hidroeléctrica con 14% y la nuclear con 9%.
No obstante, en lo que refiere al consumo energético global, debe subrayarse que, el petróleo tiene la primacía. Ciertamente, la OPEP en su World Oil Outlook 2050, publicado en julio de 2025— y vigente a mayo de 2026 como el último oficial de la organización—, pone de manifiesto que entre el 2024 y 2050 el petróleo pasará de 30.6% a 29.8%, una disminución escuálida de 2.60%, razón por la cual, el petróleo mantendrá su primacía en la matriz energética mundial. Como referencia de la intensidad fósil actual, la matriz energética de EE.UU., es de aproximadamente 84 hidrocarburífera. Asimismo, la OPEP reconoce en esta publicación que el consumo petrolero que en 2024 cerró, en promedio, en 103.840.000 barriles diarios (103.840 MMBD o 103 millones 840 mil barriles diarios), llegaría a aproximadamente a 123 MMBD en 2050, es decir, un alza de casi 20 MMBD en ese periodo. Mientras que, en 2025, se sumó a la demanda alcanzada en 2024, 1.3 MMBD con respecto a 2024, por lo que, en 2025, el consumo cerró, en promedio, en 105.1 MMBD.
En este 2026, más allá del escenario de crisis energética que se avizora como consecuencia de las pretensiones gringas e israelí sobre la civilización iraní, se estima que el consumo podría subir y cerrar el promedio anual, en 106. 5 MMBD, lo que significa que en 2026 se podría tener 1.4MMBD de incremento con respecto a 2025. Esto se sustenta en que las previsiones de crecimiento económico mundial se siguen manteniendo por el orden del 3.1% para 2026 y 3.2% para 2027, así lo ha señalado la OPEP en su último Boletín Mensual (OPEC Monthly Oil Market Report – April 2026), publicado el 13 de abril. Mientras que, en EE.UU., las previsiones de crecimiento económico se ubican en 2.2% para 2026 y 2.0% para 2027. En la Eurozona, se mantienen las expectativas en 1.2% tanto para 2026 como para 2027; Japón se mantiene en 0.9% para ambos años. China con un 4.5% para ambos años. India con 6.6% para 2026 y 6.5% para 2027. En Rusia se prevé v 1.3% para 2026 y 1.5% para 2027.
En tanto que, en ALC —con la caída de la producción petrolera venezolana que todavía hasta 2015 con 2.653.9MMB mantenía la primera posición—, Brasil, desde el 2016 al alcanzar 2.510MMBD, se ha convertido en el mayor productor de petróleo en nuestra región y se estima un crecimiento en 2.0% para 2026 y 2.2% para 2027 sobre su robusta economía. En el caso de Venezuela bolivariana (VB), país con las mayores reservas de petróleo a escala mundial, tuvo el crecimiento más elevado en 2025, tras situarse, según la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) en 8.9%, después de haber acumulado hasta diciembre de ese año 19 trimestres de crecimiento ininterrumpido, tendencia que alcanza ya el trimestre vigésimo en este 2026. Para este 2026, la CEPAL ha publicado este 28 de abril sus nuevas proyecciones regionales y ubicó a Venezuela entre las economías de mayor crecimiento esperado para este año, con una expansión estimada de 6.5%. Mientras que, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Economist Intelligence Unit (EIU) proyectan un crecimiento de 4% y 3.2%, respectivamente para Venezuela en este 2026.
Hay que advertir que VB se coloca por encima del promedio regional. Dado que, según la CEPAL, América Latina crecerá un 2,2% en 2026, la proyección del 6.5% para Venezuela la sitúa por encima del promedio regional, cuyo desempeño se enmarca en una tendencia de crecimiento limitado que ha persistido por cuatro años consecutivos, manteniendo tasas que rondan el 2,3%.
Por otro lado, con respecto a la geopolítica —con el permiso de nuestros lectores—,me extenderé en la precisión de datos que considero medulares en la descripción de este campo que me genera una gran pasión y satisfacción por el estudio y, además, porque parte de esto lo he venido desarrollando por largo tiempo como ponente en algunos encuentros con trabajadores petroleros, gasíferos y petroquímicos y, desde luego, en los posgrados en Economía y Administración de Hidrocarburos en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
La geopolítica nació a partir del proceso de un conjunto de pensamientos de diversas ciencias y disciplinas que involucra a diversos autores, entre otros, el alemán Friedrich Ratzel (1844-1904), creador en 1897 del concepto del espacio vital; el geógrafo francés Paul Vidal de la Blache (1845-1918) quien rechazó el determinismo ambiental alemán, que sostenía que el entorno físico determinaba el desarrollo humano. En cambio, propuso el posibilismo, que argumentaba que el entorno físico ofrecía posibilidades y limitaciones, pero que eran los seres humanos quienes tomaban decisiones y moldeaban su entorno, el almirante estadounidense Alfred Mahan (1840-1914) quien en 1890 argumentó que el control de las rutas marítimas definía la hegemonía global. Fue el impulsor de la carrera naval estadounidense y moldeó la división mar-tierra dentro de la geopolítica.
A estos esfuerzos se suman los del general alemán Karl Haushofer (1869.1946) quien popularizó el término de geopolítica en Alemania y consolidó la geopolítica como disciplina aplicada. Aun sí, se le considera de haber interconectado los conceptos clave de la geopolítica del “espacio vital” (Lebensraum) y “tierra corazón” (Heartland) que sirvieron de fundamentos para justificar la expansión territorial nazi. Además, se debe considerar el sueco Rudolf Kjellen (1864-1922), creador en 1899 del término geopolítica, el cual acuñó conceptualmente en 1916.
Por su parte, Nicholas Spykman (1893-1943) de origen holandés, con su teoría del Borde o Rimlad en los primeros años de la segunda gran confrontación del siglo XX, a escasos años de fallecer, se le pasó a considera el padre de la geopolítica estadounidense que ahora está sirviendo de inspiración a Trump y a su secretario de Guerra, Pete Hegseth en la gran estrategia de seguridad hemisférica y de geopolítica, basada en el proyecto de la “Gran América del Norte”, anunciada oficialmente en marzo de 2026 —en escena desde antes— con lo cual pretende o, por lo menos ha dicho absurdamente, anexionarse a Groenlandia, Cuba y Venezuela. Spykman cuestionó a Mac kínder, ya que aseguró que el poder se jugaba en el Rimland, la franja costera que rodea Eurasia. Quien dominara ese anillo continental (Europa Occidental, Asia Occidental y Asia-Pacífico) controlaría el mundo. Sus ideas inspiraron la política de contención de la Guerra Fría.
Del mismo modo, el británico Halford Mackínder (1861-1947), quien en 1904 introdujo la teoría del Heartland (tierra corazón) para sostener que quien controlara la masa interior de Eurasia dominaría la Isla-Mundo y, finalmente, el planeta. Mackínder se convirtió en referente de la estrategia terrestre durante el siglo XX.
Todos estos teóricos hicieron de la geopolítica una forma de interpretar las relaciones de poder y las posturas que poseen los Estados geográficamente, debe quedar claro, tal como lo apunta en la actualidad el militar y experto español en esta materia, Pedro Baños que la geopolítica actual se ha transformado en un instrumento de geo poder encaminado tanto a controlar el mundo o, cuando menos, los mayores ámbitos que, podría definirse “como la actividad que se desarrolla con la finalidad de influir en los asuntos de la esfera internacional, entendido este ejercicio como la aspiración de influencia a escala global, evitando, al mismo tiempo, ser influidos”. (Baños, 2022, p.22. Así se domina el mundo. Desvelando las claves del poder mundial. —1a. ed. — Colección Booket. España: Editorial Ariel.) Al respecto, deseo expresar que, el profesor y Dr. Cubano-venezolano, Juan Miguel Díaz Ferrer, académico y politólogo de amplio espectro ha venido presentando en foros y seminarios sobre la temática del multilateralismo en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual, particularmente la importancia de Spykman en la actual coyuntura geopolítica.
Sin desconocer las novedades que se han revisado en su terminología, la geopolítica sigue estando estrechamente ligada a las circunstancias geográficas que son las que menos cambian. Ciertamente, la geografía continúa siendo un factor primordial en la geopolítica. De allí que, no se puede subestimar el peso de lo geográfico. Aunque, igualmente, actúa sobre otros factores menos tangibles, pero no menos importantes, como la economía y las finanzas. No es casual que la política exterior de un Estado tenga dos objetivos fundamentales, a saber: la defensa del control del territorio, y el mantener la independencia en todos los órdenes (político, jurídico, económica, seguridad integral, etc.) En suma, como diría, el analista político estadounidense, Robert D. Kaplan (2017), “la geopolítica es la venganza de la geografía”. (La venganza de la geografía. La geografía cambia el destino de las naciones. España: Editorial Rba Libros.) Por supuesto, que en estas disertaciones no podemos perder de vista los valiosos aportes geopolíticos de intelectuales del Sur Global, como, por ejemplo, los expuestos por el profesor y asesor ruso, Aleksandr Dugin y el catedrático chino Wang Wen, quienes evidencian el presagio del agotamiento y derrota de Occidente.
En todo caso, las regiones particularmente de ALC y del Asia Occidental, como parte del Sur Global, se encuentran promoviendo la reconfiguración de la geopolítica petrolera mundial y, sin exageración, de la posibilidad real de un modelo alternativo a Occidente en este siglo XXI. Ambas regiones, aun de sus diferencias geográficas, políticas, culturales y religiosas, entre otras, no solo continúan resultando de vital importancia geopolítica en el presente siglo XXI para el mundo desarrollado, sino que ahora, con mayor énfasis, son regiones de desavenencias y hasta de epicentros de graves conflictos por la posesión de sus variados e ingentes recursos y, más concretamente, tras ser las dos primeras regiones con las mayores reservas certificadas de petróleo, a escala mundial. Esto le asegura un rol preponderante en el futuro de la humanidad, así como también en la consolidación de un Nuevo Orden Mundial (NOM), si se aprovechan tales fortalezas en reivindicación del Sur Global por la construcción de una civilización alternativa al insostenible modelo capitalista. Esto explica las apetencias del imperialismo petrolero que lidera EEUU en ambas regiones.) Desde luego, la región de África al igual que Rusia y Euroasia, como parte del Sur Global también contribuyen e influyen en esa dirección.
En lo que respecta a “Nuestra América”, es la segunda región con mayores reservas probadas de petróleo después del Asia Occidental que concentra 873.053MMMB, es decir, el 55.52% del total mundial. Efectivamente, ALC, con 351.588 MMMB de petróleo, posee el 22.36% de las reservas mundiales certificadas (Ver Gráfico N° 1). De manera que, la sumatoria de estas dos regiones que ahora están siendo asediadas por la administración de Donald Trump, concentran el 77.88 % del total de las reservas petroleras mundiales certificadas. En el Asia Occidental, Arabia Saudita e Irán son los países con las mayores reservas en esa región, tras poseer 267.200MMMB y 208. 600 MMMB, respectivamente, con lo cual se posicionan como la segunda y tercera mayores reservas certificadas de petróleo a escala mundial, respectivamente, detrás de VB.

Sobre ello, debe destacarse que,en el caso particular de nuestra ALC, en un periodo inferior a 20 años, la región al pasar de 123.487 MMMB a 351.588 MMMB, casi triplicó su nivel de reservas certificadas, tras sumar en ese periodo 228.101 MMMB, creciendo estas, entre 2006 y 2025, en 184.7%. Adicionalmente, entre 2019 y 2025 —último año publicado hasta ahora, porque 2026 ni siquiera llega al primer semestre—, ALC pasó de 337.111 MMMB a 351.588 MMMB, un incremento de 14.477 MMMB, equivalente a un alza de 4.29 %. En verdad, nuestra región ha sido en este siglo la que mayormente ha crecido en reservas petroleras certificadas. El aporte de la República Bolivariana de Venezuela (RBV) con la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frías, ha sido determinante para este resultado, dado que la RBV — de acuerdo con las últimas estadísticas publicadas por la OPEP el 29 de abril de 2026, correspondientes a la realidad petrolera de 2025— cerró el nivel de sus reservas de 2025 en 303.701 MMMB, es decir, el nivel de reservas petroleras certificadas más grandes del mundo que representan el 19.31% de las reservas totales mundiales (1 billón 572.459MMMBD) y, a su vez, el 86.37% de las reservas petroleras de ALC. Por supuesto, los nuevos descubrimientos en Brasil, Ecuador, Guyana y Surinam, en este siglo y particularmente en la última década, han contribuido en ello.
Al mismo tiempo, la región del Asia Occidental con una producción petrolera para el 2025 de 23.772 MMBD que equivalen al 31.75% de la producción mundial viene a ocupar la primera posición en esta variable (Véase Gráfico N°2). Del mismo modo, esta región, ocupa la primera oposición en cuanto a exportación con 17.147 MMBD que representan el 38.49% del volumen global de exportación (véase gráfico N° 3) Mientras que, ALC produjo en 2025, 9.036 MMBD que representó el 12.07% de la producción mundial y exportó 5.192 MMBD que constituyó el 11.65% de la exportación mundial de crudo, ocupando, por ende, en estas variables, el 4to y 5to lugar mundial, respectivamente, con un nivel por encima de África en producción pero, por debajo de esa región en cuanto a exportación, como se puede visualizar en los gráficos N° 2 y N° 3.

Un dato importante a resaltar en torno al gráfico N°2 es que a pesar de Norteamérica ser la segunda región de importancia en cuanto a producción petrolera, EE.UU., es el primer país productor de petróleo, cerró el año 2025 en 13.586 MMBD, mientras que, para el primer trimestre de este 2026, pese a una leve caída con respecto al promedio de 2025, su producción petrolera ha promediado 13.500MMBD. EE.UU., viene ocupando esta supremacía en el ámbito de la producción petrolera desde el año 2018, facilitada por el incremento que ha logrado a través de la técnica del fracking—método de fracturación hidráulica—para la extracción de hidrocarburos no convencionales —tanto petróleo como de gas—. La aplicación de esta técnica está sumamente cuestionada por su impacto ambiental y el consumo intensivo de agua, ya sabemos que EE.UU., le importa poco lo ecológico y preferirá en nombre de la cosmovisión neoliberal privilegiar las finanzas por encima incluso de la vida humana. En torno a esto, es importante recordar que EE.UU., con Bill Clinton, si bien firmó el protocolo de Kyoto en 1998, nunca lo ratificó y este no fue vinculante. Esto explica porque en 2001 el entonces presidente George Bush —hijo— por considerarlo injusto. Por si fuese poco, el actual presidente Trump, un gran lobista petrolero, ha logrado desde el pasado 27 de enero la salida efectiva de su país del Acuerdo de París y el anunció de su salida de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), lo que significa que no participa en las reuniones de las partes (COP). Esta postura radical de Trump es lo que explica el comportamiento que ya he referido de la AIE y su director ejecutivo Fatih Birol.

No obstante, ALC en virtud de sus ingentes reservas y el moderado nivel de producción petrolera alcanzado en 2025, es la región que tendría mayor duración teórica petrolera, al alcanzar casi 107 años (Ver gráfico N° 4), es decir, cerca del doble del tiempo mundial, situado en 57, 55 años. En resumidas cuentas, ALC es solo superada por la OPEP que alcanza casi 124.1 años, pero, esta no es una región, sino una organización petrolera que involucra a países de varias regiones, con las mayores reservas de petróleo en el mundo, 79,1% en 2025 para ser más exacto. Entre tanto, que la región de Asia Occidental con una duración estimada de 100, 619 años, se posiciona en el segundo lugar con respecto a esta variable.
OECD Asia Pacifico si bien su duración es de un poco más de 65 años, debe aclararse que esto se debe a su baja producción de apenas 79MBD (setenta y nueve mil barriles por día. De hecho, su producción representa el 0.10% de la producción mundial) en tanto que, sus reservas son de 1.882MMMB que apenas representan 0.12% de las reservas mundiales, a pesar de ser pequeña como también lo es su producción, esto explica la duración de sus reservas. Sin embargo, si la relación fuese con respecto a su nivel de consumo que en 2025 promedió 7.096MMBD, entonces, su duración sería de escaso 0,72 años, es decir menos de un año. Por tanto, esta región resulta atípica y no debe considerarse que su duración teórica sea de una referencia en los términos que, por ejemplo, lo es Asia Occidental, ALC, África y Rusia-Euroasia. En definitiva, es un caso estadísticamente engañoso.
Por su parte, Norte América que comprende a EEUU., y Canadá se observa que su duración teórica es de escasamente 8, 90 años, situándose como el tiempo teórico más bajo, por debajo de Europa Occidental (8,94 años). Aunque, la situación para EE.UU., primer consumidor a escala mundial —subió su consumo en 2025 a 20.737MMBD— es más crítica, pues con reservas probadas para 2025 de 41. 909.MMMB a su ritmo de producción de 13.586MMBD 2025, la duración teórica de su petróleo sería de tan solo 8,45 años. En cambio, si todo su consumo, lo logrará con sus reservas, entonces su duración sería de 5,54 años. Esto explica el porqué de su imperialismo petrolero en aras de apoderarse y controlar el petróleo en Venezuela y en el Asia Occidental.

Grosso modo, estas ventajas petroleras convierten a la región del Asia Occidental y a nuestra ALC en actores clave y determinantes en la reconfiguración de la geopolítica petrolera mundial en este siglo XXI. Consciente de ello, VB ha tomado la vanguardia en proponer la unidad energética y política en la región, por ejemplo, el esquema de Petrocaribe que se instaló el 29 de junio de 2005, así como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), fundada en diciembre de 2004 y reestructurada en 2009 y también la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), creada en Caracas en 2011 —aunque su primer antecedente constitutivo ocurre en febrero de 2010, en México—, son propuestas para fortalecer nuestra posición como país petrolero, facilitar el acceso de energía petrolera y sus derivados a los pueblos de la región y, además, para garantizar a ALC un rol protagónico en el dinámico mercado petrolero internacional. Huelga señalar que, el petróleo se sigue constituyendo en el principal instrumento del Estado venezolano en su conexión con el sistema internacional y, particularmente, con ALC, tal como se destaca en el artículo 153 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), el cual establece:
La República promoverá y favorecerá la integración latinoamericana y caribeña, en aras de avanzar hacia la creación de una comunidad de naciones, defendiendo los intereses económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales de la región. La República podrá suscribir tratados internacionales que conjuguen y coordinen esfuerzos para promover el desarrollo común de nuestras naciones, y que garanticen el bienestar de los pueblos y la seguridad colectiva de sus habitantes. Para estos fines, la República podrá atribuir a organizaciones supranacionales, mediante tratados, el ejercicio de las competencias necesarias para llevar a cabo estos procesos de integración. Dentro de las políticas de integración y unión con Latinoamérica y el Caribe, la República privilegiará relaciones con Iberoamérica, procurando sea una política común de toda nuestra América Latina. Las normas que se adopten en el marco de los acuerdos de integración serán consideradas parte integrante del ordenamiento legal vigente y de aplicación directa y preferente a la legislación interna.
Cabe destacar que, tanto en el preámbulo de la CRBV como en los artículos comprendidos entre el 152 y 155, se encuentran los referentes de nuestra política exterior. En suma, VB a partir de lo petrolero y más concretamente lo que pudiese concebirse como la diplomacia petrolera—especie de táctica de esa gran estrategia en que se constituye la política exterior del Estado venezolano— se ha avanzado en la contribución hacia el tránsito de un mundo multicéntrico y pluripolar, a través de las alianzas fundamentalmente con la República Popular China, la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán. En concreto, la Revolución Bolivariana desde los tiempos de su líder histórico, Hugo Chávez, adoptó y sigue poniendo en marcha un multilateralismo que privilegió siempre al Sur Global en contracorriente con las potencias capitalistas. En cambio, en el escenario que se instaura desde el Decreto Obama del 9 de marzo de 2015 y con el cúmulo de órdenes ejecutivas que se promulgan durante el primer gobierno de Donald Trump (2017-2021), sumado a todo el conjunto de medidas coercitivas unilaterales (MCU) y de licencias que se han venido emitiendo por parte de la OFAC, sobre todo, luego del 3 de enero de este 2026, es evidente que estos esquemas, como, por ejemplo, Petrocaribe, se encuentren afectado en su operatividad.
Sin embargo, como consecuencia de la misma intromisión histórica de EE.UU. en la región y sus alianzas con las clases dominantes (elites locales), ALC no ha sido capaz de adoptar un modelo político y energético único. En su lugar, coexisten diversos mecanismos que se corresponden con visiones contrapuestas, lo que dificulta que la región adopte una ruta para superar la otredad y la condición de dominación de la que ha sido objeto. A esto debe sumarse que es la región más desigual del mundo. Todo ello se constituye en una debilidad de nuestro Sur Global, puesto que situaciones similares se registran en Asia y África. Por tanto, subrayamos, como una conclusión adelantada y prospectiva, que, la historia de nuestros países del Sur Global obedece, desde su génesis, a un proceso dialéctico con sus antítesis, oposiciones y superaciones. Por consiguiente, está clara en nuestra ALC la necesidad de unidad en el pensamiento bolivariano y marxista, dirigido a la transformación del mundo y de manera muy particular en ALC. Todo ello, impactará materialmente en procura del ser humano como verdadera razón de la economía y sociedad moderna sustentado en el mayor despliegue científico y tecnológico que hasta ahora ha vivido la humanidad.
Pese a esto, la decisión que se tome en ALC y en el Asia Occidental y de cómo resulte el comportamiento de la geopolítica en sus espacios, dependerá en gran medida el futuro de la humanidad porque aquí se debaten los polos de poderes que definirán el NOM que se teje y avanza sin pausa. Por ello no es casual que los ojos del mundo estén puestos en lo que ocurre y ocurrirá en Irán, así como en las actuaciones obsesivas que EE.UU., con la psicopolítica neoliberal de Trump, despliegan en ALC. Hay que advertir, sin embargo, que la geopolítica de lo multicéntrico y la pluripolaridad aún no se ha consolidado. Estamos en una transición que pone en evidencia que no estamos ante un mundo propiamente unipolar bajo la hegemonía de EE.UU., y tampoco se ha materializado el mundo pluripolar.
En esa transición EE.UU., como potencia hegemónica y, al mismo tiempo, garante del imperialismo petrolero se niega a morir y, por ello, en nombre de su interés nacional, tal como lo refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional, acude a la fuerza y a la guerra sin importar las flagrantes violaciones al derecho internacional público y, por consiguiente, al mismo sistema internacional que diseñó y puso en marcha desde 1945 con la Organización de Naciones Unidas (ONU). Lo ocurrido el pasado 3 de enero en Venezuela y la guerra contra Irán—otro país de la OPEP y de la OPEP plus— desde el 28 de febrero, son viva demostración de esto que estoy afirmando. Fue esto lo que llevó al primer ministro de Canadá Mark Carney a subrayar en el Foro Económico Mundial de Davos, llevado a cabo el 20 de enero de este 2026 en Suiza, a ser tan enfático y a advertir que “el actual orden mundial basado en reglas ha muerto” y que las potencias medias deben buscar autonomía estratégica o serán devoradas por las grandes potencias. Como bien lo señalara Gramsci “la crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas mórbidos”. Resulta evidente que, la situación de conflictividad que EE.UU., ha venido provocando con su ya vetusto imperialismo petrolero está creando un nuevo capítulo en la OPEP. En honor a la verdad, la OPEP está herida y en una fase muy compleja. Desde luego, todo ello es de provecho para EE.UU., y sus aliados.
Por otra parte, en el caso de nuestra ALC los hechos parecen demostrar que la Revolución Cubana y el sandinismo en Nicaragua que, también tiene su origen en el triunfo de su lucha armada, —aunque el arribo al poder de su líder histórico Daniel Ortega ha sido en este siglo XXI por la vía electoral—son las experiencias políticas que resisten sin ser intervenidas o sin correr la suerte, hasta ahora en su territorio, como ocurrió el pasado 3 de enero con Venezuela. En el caso de Ecuador, Bolivia y Honduras, por ejemplo, el imperio ha encontrado método blando para dividir e imponer sus aliados y las élites políticas-económicas que tienen en esos países. Al mismo tiempo, fuera de nuestra región, los países hacen valer su soberanía en la medida que poseen y muestran que tienen poder nuclear, es el caso, por ejemplo, de Corea del Norte, un país pequeño y de economía modesta, pero la posesión de arma nuclear impide que EE. UU., en su condición de “hegemón” vaya a ridiculizarlo o a penetrarlo. Estamos ante una fase de peligro nuclear y esto hace pensar que la transición hacia un NOM no parece lograrse por un consenso que viniese moldeado desde la institucionalidad del derecho internacional, vale decir, por los canales pacíficos, sino que el escenario de la fuerza y la guerra toman cuerpo.
No es casual que, la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU., plasme el corolario Trump de la doctrina Monroe, proponiendo hacer uso implícito y explícito de la fuerza. En suma, las apetencias geopolíticas de ese país anulan su política exterior o sencillamente la sacrifica en nombre de sus pretensiones imperialistas, marco en el cual el dominio y control sobre el recurso petrolero resulta medular. Paradójicamente, la presencia de armas nucleares fuera de EE.UU., siendo Rusia la mayor potencia nuclear, viene a constituirse en una especie de contención o freno para que se derive en una especie de confrontación bélica como las que se suscitaron en la primera mitad del siglo XX.
A todas luces, hay una geopolítica imperialista petrolera orientada al dominio y control de las fuentes mundiales del petróleo. Ese nuevo capítulo, una vez más, en el intento de controlar y dominar las fuentes petroleras, persiste sobre la geografía de nuestro Sur Global. En efecto, esta estrategia ya comenzó con Venezuela y ahora están en Irán. Aunque, no es un fenómeno nuevo, pues ya en 2003, el profesor y analista geopolítico, Michael Klaret, publicó un interesante libro que, en su momento revisamos a profundidad en el estudio petrolero, se trata de: Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto global. (Barcelona, España: Ediciones Urano, S.A. – Tendencias.) Más recientemente, tenemos el libro extraordinario del militar y experto español en energía e inteligencia militar, Miguel Golmayo: La sangre que mueve el mundo. Geopolítica del petróleo y del gas.(1ª. ed. España: Editorial Ariel, publicado en 2023). También las Cancillerías de Rusia y China han dejado en claro que, entre las razones de las agresiones de EE.UU., e Israel sobre Irán está el mercado petrolero.
Desde luego, los intereses no son solo petroleros, sino también políticos, pues en ALC, la RBV defiende un modelo político e ideológico que se contrapone a la cosmovisión neoliberal. En el caso de Irán, además, de lo político e ideológico su corpus cultural es también antioccidental. Esto desagrada a EE.UU., en su pretensión del mundo unipolar y de su hegemonía, a través de lo petrolero, del control de ese recurso. Las guerras y conflictos, si bien son por recursos energéticos, principalmente petróleo, agregaría que también lo son por lo ideológico, pues ni Cuba ni Nicaragua tienen petróleo, pero siguen en la mira del imperio estadounidense por el contenido socialista de sus modelos políticos.










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