Eleazar Mujica Sánchez[1]
[1] Sociólogo Summa Cum Laude (UCV). Especialista en política y comercio petrolero internacional (UCV). Doctor en Ciencias Sociales (UCV). Profesor-jefe del Departamento de Análisis Económico, Político y de la Planificación, Escuela de Sociología FaCES-UCV. Profesor de Posgrado (Especialización y Maestría) en Economía y Administración de Hidrocarburos (FaCES-UCV). Profesor de Geopolítica en la Universidad Venezolana de los Hidrocarburos (UVH). Profesor de Política y Economía Petrolera en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual (IAEDPG) Profesor en la Academia Militar Bolivariana- FANB. Director de la Gestión de Investigación del Servicio Autónomo Instituto de Estudios Petroleros (SAIEP)-MINPET.
Email: asesor.politicapetroleo21@gmail.com
En este novedoso trabajo el profesor y Dr. Eleazar José Mujica Sánchez, quien ya supera el cuarto de siglo estudiando la temática petrolera y el socialismo, nos presenta en dos partes, desde una perspectiva marxista, un amplio abordaje sobre el rol del Sur Global en el presente y futuro en la reconfiguración de la geopolítica petrolera mundial en el Siglo XXI. Con agrado y disciplina académica, publicamos en Tiempo Latino este interesante trabajoque contribuye a entender las pretensiones imperialistas sobre nuestro Sur Global y el curso dialéctico de las relaciones internacionales.
El Sur Global Debe ser Nuestra Referencia Liberadora y Soberana: ¡Otro Mundo es Posible!
El estudio sobre el Sur Global, como categoría teórica-epistemológica que empezó a utilizarse, —pudiera decirse que en sustitución de la categoría del tercer mundo, por las presiones que la cosmovisión neoliberal ejerce en el ámbito académico, sobre todo el establishment— desde hace un poco más de cuatro décadas, no puede focalizarse exclusivamente desde lo económico y lo petrolero, pues encierra una amplitud mayor que interpela factores políticos, culturales, económicos, históricos, geopolíticos, identitarios y hasta epistémicos e ideológicos.
El Sur Global no se trata de una perspectiva que atienda o se corresponda con la ubicación o delimitación geográfica, por ejemplo, China y Rusia que están al norte con respecto a nuestra ubicación geográfica latinoamericana y caribeña, son parte fundamental de nuestro Sur Global. En tanto que, Australia, ubicada geográficamente en el Sur, pertenece al Norte o mundo desarrollado en contraposición al Sur Global. En suma, el Sur Global se fundamenta no en la geografía física que supone lo territorial con respecto al sur del ecuador sino por las consideraciones políticas, geopolíticas e históricas, entre otras que se privilegian en su conceptualización y caracterización.
Importante señalar que la categoría teórico política, incluso histórica del tercer mundo, en cuanto a la existencia de organizaciones que se crearon en su contexto operativo y que han trascendido hasta el presente, se hizo plausible en el abordaje de nuestras ciencias sociales en buena parte del contexto de la Guerra Fría (1945-1947/1991) ante la disyuntiva de polarización que encarnó Estados Unidos (EE.UU.) en representación del bloque capitalista y la Unión Soviética, en nombre del bloque socialista. Pese a que, a inicios de la segunda mitad del siglo XX, pululan en las regiones de África, Asia y América Latina y el Caribe (ALC), movimientos insurreccionales por la liberación nacional que sirven de sustento a la nueva realidad epistemológica que emerge. Al respecto, debe advertirse que, la creación del referido término no vino de autoría o de las filas académicas marxistas.
En efecto, como apuntamos hace ya 20 años en el libro: Los retos de la OPEP en el siglo XXI –Un análisis al calor de la política petrolera venezolana– (2006), el término tercer mundo se remonta a agosto de 1952, cuando el demógrafo, antropólogo e historiador económico, no marxista, de nacionalidad francesa, Alfred Sauvy, hace uso del mismo en el semanario francés L’ Observateur para referirse a la exclusión y explotación de la más grande geografía del planeta, correspondiente a esos países que se encuentran al margen de la bipolaridad reinante y que califica de tercer mundo en alusión al rol del Tercer Estado en la Revolución Francesa, por tanto, los situaban fuera de las esferas de EEUU (primer mundo) y la entonces Unión Soviética (segundo mundo).
Estos Estados constituyeron más que importantes asociaciones multilaterales de carácter formal en el sentido diplomático tradicional, verdaderos encuentros políticos internacionales de alto nivel, como, por ejemplo, la Conferencia Áfroasiática, mejor conocida como laConferencia de Bandung, celebrada entre el 18 y 24 de abril de 1955 en Bandung, Indonesia, la cual reunió a 29 naciones que se habían independizado en esas últimas décadas en África (Egipto, Etiopía, Liberia, Libia y Sudán) y Asia (Afganistán, Camboya, Ceilán –actual Sri Lanka–, República Popular China, Filipinas, India, Indonesia, Japón, Jordania, Laos, Líbano, Nepal, Pakistán, Siria, Tailandia, Turquía, Vietnam del Norte, Vietnam del Sur (a pesar que Ho Chiminh había proclamado la libertad de Vietnam en septiembre de 1945, ese país se dividió en 1954 por los acuerdos de Ginebra, en Vietnam del Norte de tendencia comunista y Vietnam del Sur de tendencia capitalista, respaldado por EE.UU.) y Yemen del Norte que se había liberado en 1918, porque el Yemen del sur, siguió bajo la dominación británica hasta 1967. —La unificación de ambos se logró en 1990— Además, Arabia Saudita, Irán e Irak, países petroleros, específicamente del Asia Occidental, quienes al cabo de un quinquenio participaron con Venezuela y Kuwait en la formación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que ahora se encuentra próxima a sus 66 años de existencia.
En correspondencia con una actitud anticolonialista, antirracista y antisegregacionista, la Conferencia de Bandung no contempló la invitación de Israel, Sudáfrica, férreamente, en ese momento, bajo el régimen del apartheid, iniciado en 1948, Taiwán (entonces China nacionalista, hoy parte de una sola China, la República Popular China) y Corea del Norte/Sur. Tampoco participaron las potencias occidentales. Este evento trascendental estuvo organizado por los países del Asia del Sur: India, Pakistán y Ceilán (hoy Sri Lanka) y los países del sudeste asiático: Birmania (Myanmar) e Indonesia, este último, como ya se ha indicado, asiento físico de la Conferencia. Resulta de suma importancia resaltar que, en aquella Conferencia jugaron un rol protagónico tanto el primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru (1889-1964) como el entonces presidente revolucionario indonesio Ahmed Sukarno (1901-1970). Todo ello, supuso el primer paso para lo que sería el Movimiento de los Países No Alineados (MNOAL). De hecho, Nehru y Sukarno impulsaron en conjunto con Tito de Yugoslavia, Nasser de Egipto y Kruman de Ghana, la primera Cumbre de Belgrado, en 1961, entonces capital de la hoy extinta República Federal Popular de Yugoslavia, para dar nacimiento al MNOAL.
Posteriormente, ocurrió la Conferencia de Bagdad, celebradaen Irak, entre el 10 y 14 de septiembre de 1960, que reunió a los entonces cinco mayores países exportadores de petróleo: Irak, Irán, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela que dan nacimiento, formalmente, el 14 de septiembre a la OPEP, en defensa de los intereses de los países productores de petróleo, miembros de la Organización. Se trata de la primera y única Organización de esta naturaleza en el otrora tercer mundo y, ampliamente, la más prominente en la producción y exportación de materias primas, desde luego, influenciado por las prerrogativas que ocupa el petróleo en la economía mundial.
En verdad, la OPEP se constituyó en una necesidad impostergable en el seno de los países productores y exportadores de crudo del tercer mundo en defensa de su petróleo como su más importante recurso no renovable y con el objetivo explícito de coordinar y unificar las políticas petroleras de los países miembros y salvaguardar los intereses ante los otros actores (entre ellos, por ejemplo, los Estados consumidores desarrollados, Compañías transnacionales petroleras, en ese momento estaba en auge el cártel de las “Siete Hermanas” que se había constituido con el Acuerdo de Achnacarry, en Escocia en septiembre de 1928) que coexisten en el complejo mercado petrolero internacional. Por supuesto, en lo absoluto, los países miembros de la OPEP que sigue poseyendo las mayores reservas de petróleo a escala mundial, se inscribieron en esa otrora categoría del tercer mundo.
Seguidamente, se produjo entre el 1 y 6 de septiembre de 1961, la Primera Conferencia Cumbre del Movimiento de Países No Alineados –MNOAL–, en Belgrado, entonces Yugoslavia. Desde 2006, tras la desintegración de Yugoslavia, y hasta ahora, Belgrado es la capital de Serbia y, por ende, perteneciente a Serbia). En aquel momento participaron 25 países miembros y 3 observadores, Brasil fue uno de esos tres observadores, estatus que mantiene en la actualidad, siendo Cuba el único país de ALC como miembro pleno presente en ese momento. Este encuentro se inclinó por la promoción de la paz, la soberanía y la no alineación con los bloques capitalista o socialista, durante el contexto de Guerra Fría o bipolaridad. El MNOAL sigue vigente hasta nuestros días –abril de 2026– y en su seno se agrupan 120 países miembros de carácter pleno, además, de entre 17 y 18 países observadores y organizaciones observadoras. Su divisa sigue siendo la defensa de la paz mundial, así como el antiimperialismo y la cooperación.
Cabe destacar que, Venezuela Bolivariana (VB) es miembro pleno del MNOAL desde 1989. Igualmente, el país ha tenido un papel activo, siendo sede de su XVII Cumbre en 2016 y ejerciendo la presidencia pro témpore del MNOAL a lo largo del periodo 2016-2019. A propósito, el MNOAL ha respaldado a VB en su lucha soberana y oposición férrea a las medidas coercitivas unilaterales (MCU) que han impactado, sin precedente, en su industria petrolera, ergo su economía. Desde 2014 y hasta este 27 de abril de 2026 se reportan en el país 1.088 MCU, impuestas principalmente por EE.UU., la Unión Europea, Canadá y el Reino Unido de las cuales 1.040 permanecen activas.
A propósito, al momento del 3 de enero pasado, cuando se produce el bombardeo sobre Venezuela y el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro, según el Observatorio Venezolano Antibloqueo, se registraban 1.081 MCU, que había sido el total de MCU con que cerró el año 2025, tras la imposición de 107 nuevas MCU que se sumaron a lo largo de 2025, incluidas incautaciones de cargamentos petroleros venezolanos en aguas internacionales, entre el 10 y 20 de diciembre de 2025, con la intercepción del supertanquero “Skippe” el 10 de diciembre y del “Centuries”, el día 20 de ese mismo mes.
En consecuencia, lejos de ser derogadas como avizoraban analistas nacionales e internacionales, hasta ahora, se han incrementado. No obstante, con las licencias adicionales de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) que se vienen emitiendo desde enero hasta la fecha, en los ámbitos económico y petrolero, como las licencias 56 y 57, emitidas este 14 de abril, se torna un aire de cierta “flexibilización”, pero ello no deroga las MCU y, por si fuese poco, niega a Venezuela, en nombre del interés nacional estadounidense y en correspondencia con su Estrategia de Seguridad Nacional, incluir a China, Rusia, Corea del Norte e Irán en los nuevos esquemas petroleros. Por supuesto, Venezuela, si bien tiene las mayores reservas de petróleo a escala mundial y una posición geográfica privilegiada, no posee las prerrogativas que si tiene el estrecho de Ormuz para el comercio del petróleo sobre la economía mundial. Este es un aspecto interesante que abordaremos más ampliamente en la segunda parte. Como complemento al tema de las licencias de la OFAC, abro un breve paréntesis para comentar que este 24 de abril, la OFAC emitió otras licencias que permitirán ahora al Gobierno bolivariano, poder sufragar los gastos para la defensa jurídica del presidente constitucional Nicolás Maduro y de su esposa, la primera dama, Cilia Flores.
Por otro lado, en esta sumatoria de esfuerzos de organizaciones internacionales que promovió el tercer mundo, puede considerarse la Primera Conferencia Tricontinental que tuvo lugar en La Habana, Cuba, en enero de 1966, con atención a las luchas y organizaciones de los pueblos de la Tricontinental, más allá de la rigidez de la confrontación: EEUU., vs- Unión Soviética. Ciertamente, este encuentro marcó un verdadero hito histórico al lograr la reunión de unos 500 delegados de 82 países de África, Asia y ALC, cuyas orientaciones, tras el auge de la Revolución cubana (1 de enero de 1959) y la argelina (5 de julio de 1962), impulsó decididamente la lucha anticolonialista y antimperialista, materializando la creación de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL) con la finalidad de apoyar movimientos revolucionarios globales, muy especialmente en la geografía del tercer mundo.
Como derivado de este mancomunado esfuerzo puede enumerarse la Organización Latinoamericana de Solidaridad, conocida como OLAS, celebrada en La Habana, Cuba, en agosto de 1967, dos meses antes de la caída en combate del líder de la Revolución cubana, Ernesto “Che” Guevara, el 9 de octubre en Bolivia. Con la creación de este organismo se impone la misión de coordinar movimientos revolucionarios y antiimperialista en América Latina. En ese sentido, promovió la lucha armada y el socialismo como vías para la liberación nacional, bajo el lema “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”.
En el caso particular de Venezuela, que había iniciado la lucha armada en frentes guerrilleros desde 1960 a través del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) ambos agrupados hacia 1962-1963 en la Fuerzas Armadas de Liberación Nacional ( FALN) , debe precisarse que, en virtud de estos dos últimos acontecimientos (OSPAAAL y OLAS), se abre una nueva esperanza en la lucha armada, tras la ruptura del PCV —organización cuya dirigencia mayoritaria se había replegado con respecto a la lucha armada— para dar nacimiento el 23 de abril de 1966 al Partido de la Revolución Venezolana (PRV) que hará suya, como partido marxista leninista, la tesis de la toma del poder por la vía de las armas. Todos aquellos esfuerzos, aunque contribuyeron, no lograron alcanzar la victoria en Venezuela y, al final, la Revolución Bolivariana se terminó alcanzando por la vía electoral en 1998, con Hugo Chávez (1954-2013), un militar patriota, bolivariano y revolucionario.
Importa resaltar que, las experiencias que acabamos de describir y analizar no fueron las únicas sino las más resaltantes en materia de organización internacional en la defensa de los intereses del tercer mundo. No obstante, en la actualidad, considero que el estudio sobre el Sur Global resulta fundamental para comprender y transformar las relaciones geopolíticas de poder del tiempo presente en el sistema internacional, cada vez más sacudido y hasta incierto por las tropelías y desproporciones del idealismo estadounidense, ahora exacerbado por la psicopolítica neoliberal que se sintetiza en Donald Trump. De cualquier manera, el Sur Global que incluye, al igual que el tercer mundo, la mismahistoria de opresión y colonialismo sobrelos pueblos de África, Asia y ALC, debe ser nuestra referencia liberadora y soberana ¡Otro mundo es posible! en este siglo XXI, en aras de superar la cosmovisión del mercado que impone la dictadura del capital.
Sur Global vs EEUU y el Mito del Idealismo de su Supremacía

En torno a lo de la consideración de psicopolítica neoliberal en Trump que, tal parece lleva al mundo hacia un despeñadero; es conveniente destacar que, de acuerdo con el filósofo de Corea del Sur –residenciado en Alemania– Byung-Chul Han en su libro: Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2021, 2ª. Ed. España: Herder Editorial S.L.) “la psicopolítica neoliberal es la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y un control psicológico”. (2021, pp. 100-101). En tanto que, sobre el mito del idealismo que aqueja a la sociedad estadounidense y que, al mismo tiempo, amenaza al mundo, este representa el ideal más profundo de las elites de esa sociedad.
Por ello, no es casual que el presidente John Quincy Adams (1735-1826), padre fundador de EE.UU. y segundo presidente de ese país, además, secretario de Estado del presidente James Monroe (1817-1825) —guardando las distancias, un equivalente del abominable Marco Rubio—, y realmente el autor de la doctrina Monroe, expresara con energía que “el poder siempre cree estar dotado de un alma grande y de varias visiones, más allá de lo que los débiles pueden comprender; y está convencido de que sirve a Dios, incluso cuando viola todas sus leyes”. (Negritas y subrayado nuestro)
Dos décadas después, en 1845 se habían dado a conocer los fundamentos de la doctrina del destino manifiesto que además de esbozar la virtud de las instituciones y de los ciudadanos estadounidenses se plantea como misión extender estas instituciones pretendiendo hacer el mundo a imagen de EE.UU., y, todo ello, como consecuencia de una decisión de Dios de encomendar a ese país la consecución de esa misión, con lo cual ese país da formalidad a esta doctrina expansionista, cuya acción primogénita le permitió apoderarse de más de la mitad del territorio de México. Históricamente, con esta doctrina EE.UU., se abroga la misión de hegemón mundial por la causa de la democracia y la libertad. Tal como lo plasmó originalmente en ese mismo año de 1845, el periodista y diplomático estadounidense John Sullivan (1813-1895), cuando subrayó que “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno”.
Adicionalmente, vale mencionar que, hacia el final de la primera mitad del siglo XIX (1850), el escritor neoyorquino Herman Melville (1819-1891), publica su novela-testimonio, autobiográfica: “Chaqueta blanca”, en la cual resalta: “Y nosotros, los americanos, somos el pueblo especial, elegido, el Israel de nuestra época. Nosotros llevamos el arca de las libertades del mundo. […] Dios nos ha predestinado para grandes cosas, y la humanidad las espera de nosotros […]. Somos los pioneros del mundo, la vanguardia, enviada a la selva de lo no experimentado, para abrir nuevas sendas en el Nuevo Mundo que nos pertenece”. (Subrayado nuestro)
En fin, como muy bien lo expresó el influyente filosofo político, inmigrante judío alemán en EE.UU., Leo Strauss (1899-1973), al señalar que “Estados Unidos es la nación elegida por Dios. Nunca los Estados Unidos deben comprometerse con una paz americana sino permanecer en una guerra permanente”. (Subrayado nuestro)
En la actualidad y tras su segundo mandato, asumido el 20 de enero de 2025, Donald Trump hace notoria su efervescencia más propiamente en su “doctrina Donroe” que establece, de acuerdo con la actual Estrategia de Seguridad Nacional (esta la he analizado en otro trabajo: El Eminente Declive de los Estados Unidos y la Emergencia de un Mundo Multicéntrico y Pluripolar. Breves notas para su comprensión. https://tiempolatino.org/2026/04/10/el-eminente-declive-de-los-estados-unidos-y-la-emergencia-de-un-mundo-multicentrico-y-pluripolar-breves-notas-para-su-comprension/ ) una sinergia entre su corolario y la doctrina Monroe (1823), pero ya no pensada como estrategia de su política exterior exclusivamente para nuestra región de ALC, sino que sus pretensiones son de dimensiones globales, tras acariciar la utopía de un mundo unipolar sustentado en los valores de democracia y libertad de mercado que consigue en su mito de idealismo estadounidense.
Efectivamente, detrás de ese binomio de democracia y libertad, lo que se esconde es la violencia para dominar y someter por parte de las elites y clases dominantes de EE.UU. En tal sentido, es falsa la descripción que hacen tanto de los valores de su interés nacional como de los preceptos que guían a su política exterior, toda vez que lo que se impone realmente son los intereses de las clases dominantes por encima de cualquier valor moral que sea expresión de su interese nacional y también de lo que pregonan hacia afuera en nombre de la libertad y democracia. En honor a la verdad, su estatus imperialista y sus absurdas pretensiones de instituir un mundo unipolar, ignorando el mundo multicéntrico y pluripolar que se abre paso, pone al mundo, incluida la misma sociedad estadounidense, en un limbo sin precedentes que ya no se reduce a la hecatombe ecológica, sino que ahora se está al borde de una confrontación nuclear. Por donde se le mire el capitalismo es la verdadera amenaza para la continuidad de la especie humana en el planeta.
Es la intención del autor, subrayar que, la doctrina Monroe que se reconfiguró a lo largo del siglo XX, enfrentando al modelo societario del socialismo, en este siglo XXI su pretensión es la hegemonía mundial y para ello se sigue sustentando en el mito del idealismo, sin descuidar que en su política exterior EEUU., y, particularmente, Trump con su eslogan de “América Primero”, son realistas en las relaciones internacionales y, a su vez, justifican y argumentan sus actuaciones tras fenómenos, para nada nuevos, como lo son, principalmente, el terrorismo y el narcotráfico. Al fin y al cabo, todo esto va en la dirección del relato del idealismo de su supremacía lo cual ha mantenido invariable desde su fundación en 1776 y, por ende, es ontológico a ese país. Su autodefinición y consideración como país distinto que debe promover principios universales está intacta y es lo que conlleva erigirse, con mayor ímpetu, sobre todo, luego de 1945, como un imperio supremacista.
Sin embargo, la política exterior estadounidense, por lo general, en la realidad no está alineada con los principios que dice definir su identidad nacional, basados, principalmente en libertad, democracia, igualdad, propiedad privada y mercado, (seguramente con la excepción de los dos últimos). Por el contrario, EEUU lleva implícito el espíritu de la guerra y como bien lo ha reiterado en diversas oportunidades (libros, entrevistas, artículos, entre otros), el intelectual estadounidense, Noam Chomsky, para quien “Estados Unidos es visto como un conspicuo Estado terrorista. Y, con sobrada razón”.
Del mismo modo, Chomsky ha dejado claro en su libro: 11/09/ 2001 (2001, Barcelona, España: RBA Libros, S.A.)que “Estados Unidos es una de las culturas fundamentalistas más extremas del mundo” (2001, p.23), aunque aclara que “no el Estado sino la cultura popular” (2001, p.23). En concreto, para Chomsky, “Estados Unidos es un país terrorista y destructivo”. En todo caso, EE.UU., ha sido condenado en 1986 por terrorismo en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por apoyar a los “Contra” en Nicaragua. Tal calificación debería extenderse con respecto a Israel por todo lo que sigue implicando su actitud implacable de genocidio sobre Palestina.
Aprovecho, para comentar brevemente que, ante la actual fratricida actitud de EE.UU., e Israel sobre Irán, el prestigioso economista estadounidense, Jeffrey Sachs, advirtió este 22 de abril que “la política exterior de EE.UU., carece de principios. Se basa en la violencia. Se basa en el cambio de régimen. Se basa en mentiras y engaños. EE.UU. se comporta como si fuera todopoderoso y pudiera hacer lo que quisiera» (https://actualidad.rt.com/actualidad/600683-jeffrey-sachs-advierte-iran-deberia-desconfiar-eeuu) y, añadió que no considera que Irán tenga experiencia en el manejo frente a la «hipocresía y traición» del país norteamericano. En consecuencia, instó a Irán a no confiar en ningún acuerdo al que llegue con el país norteamericano. Del mismo modo, es oportuno señalar que este 24 de abril, los representantes especiales de los BRICS+ para el Asia Occidental y el Norte de África (MENA) se reunieron en Nueva Delhi con el objeto de analizar la situación regional derivada de la agresión militar de EE.UU., e Israel contra Irán, y han expresado que “la seguridad regional se está desmoronando debido a la ofensiva de EE.UU., e Israel”. Por su parte, el viceministro de Exteriores de Rusia, Gueórgui Borisenko, ha alertado que “la opinión general es que la situación en la región es compleja y se requieren esfuerzos conjuntos de la comunidad internacional para encontrar una salida”. ( https://www.telesurtv.net/representantes-del-brics-se-reunen-para-analizar-la-situacion-actual-de-la-region-tras-agresiones-occidentales-contra-iran/) He allí el poder terrorista y destructivo que he comentado anteriormente y que Noam Chomsky caracteriza muy bien.
En virtud de lo anterior, por definición, el Sur Global, poseedor de una diversidad histórica, cultural, ideológica e identitaria, por definición, está en capacidad de rechazar cualquier imposición advenida desde el Norte. No obstante, sobre el Sur Global debe precisarse que, en los últimos años han proliferado, desde los centros de poderes, visiones críticas, sembrando dudas tanto acerca del alcance de este término como de sus esfuerzos, especialmente, en organismos internacionales de su competencia, como, por ejemplo, BRICS+ y en nuestra ALC, particularmente ALBA-TCP, Petrocaribe y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Todo ello para desprestigiar su acepción en el marco de las relaciones internacionales y con ello anularle en sus esfuerzos emancipadores. En este sentido, cabe subrayar que sus miembros se constituyen en actores del sistema internacional que históricamente han sido objeto de exclusión, estigmatización, colonización y explotación por parte del mundo desarrollado o de Occidente.
En relación con esto último, considero pertinente señalar que, el historiador y antropólogo francés, Emmanuel Todd, explica que, existen dos posibilidades para definir a Occidente. “La primera es una definición amplia en términos de despegue educativo y desarrollo económico. Si nos limitamos a los grandes países, este Occidente incluiría a Italia, Alemania y Japón junto a Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Es el actual Occidente de los políticos y periodistas, el de una OTAN ampliada al protectorado japonés. La otra definición posible, más restringida, toma como criterio de inclusión la participación en la revolución liberal y democrática. Esto nos dejará con un club más selecto, compuesto únicamente por Inglaterra, Estados Unidos y Francia. La Revolución Gloriosa inglesa de 1688, la Declaración de Independencia estadounidense de 1776 y la Revolución francesa de 1789 son los acontecimientos fundacionales de este Occidente liberal reducido. Pues, en sentido amplio, Occidente no es históricamente ‘liberal’, ya que también engendró el fascismo italiano, el nazismo alemán y el militarismo japonés”. (2024, p. 109. Véase libro: La derrota de Occidente. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Editorial Akal.)
Ante ello es oportuno aclarar que, a pesar de las similitudes que el Sur Global pudiera guardar con el otrora tercer mundo, e incluso de su sustitución tanto en lo teórico como en la praxis, el Sur Global representa un nuevo entramado geopolítico en el que se dificulta la posibilidad de una división clara entre la geografía del desarrollo y la del subdesarrollo. No olvidemos que, tras la aceleración de la globalización neoliberal, hoy se percibe con mayor énfasis la existencia de asimetrías, una especie de “desarrollo” y “subdesarrollo” en el interior de cada país, independientemente que sean estos del Sur o del Norte. Es como el equivalente a decir que las periferias tengan sus centros y los centros, de igual forma, sus periferias. Por ejemplo, los fenómenos de la desigualdad, la exclusión y la pobreza como bien lo demuestran, entre otros autores, Joseph Stiglitz, Thomas Piketty y Boaventura de Sousa, son consustanciales a la sociedad global, pues el capitalismo no puede exonerarla de los penosos sufrimientos de la desigualdad y todo lo que ello trae apareado.
Sin embargo, la constante es que en aquellos países los inmigrantes del Sur Global son los que sufren las peores consecuencias, por sus razas y color de piel, entre otros aspectos y variables que no forman parte de la “supremacía” de los valores de Occidente. Todo esto tiene sus cimientos con el nacimiento de la formación económico social capitalista a partir de 1492. Es allí en donde aparece la dominación de Occidente. Por consiguiente, el origen del eurocentrismo se encuentra, como bien lo explica Dussel en su Filosofía de la liberación y en el estudio de las filosofías del Sur, abordadas desde la descolonización y transmodernidad,en el “descubrimiento” de América en 1492, que marcó el inicio de una nueva fase de desarrollo económico, político, social y cultural que estigmatiza al mundo no occidental.
Por ello, la categoría del Sur Global es dialéctica, puesto que no refiere de ninguna manera a una clasificación geográfica y estática del mundo, sino que representa una realidad dinámica que sigue variando a lo largo del tiempo y del espacio. En efecto, el Sur Global, hoy por hoy, abarca mayores cantidades de población y es evidente que en la dinámica del capitalismo que opera bajo una cosmovisión neoliberal se han modificado radicalmente las condiciones sociales, así como la territorialización geográfica de la producción capitalista y del mercado, ambos impactado (s) por la hipertecnología que, a su vez, influyen en la merma de la soberanía de las elites dominantes en los Estados Nación ante el creciente poderío del capital mundial. Ciertamente, en Occidente con el declive del Estado de bienestar social y la instalación del neoliberalismo, el Estado nación se ha debilitado por la dictadura del capital y la creciente desigualdad que afecta a las clases medias en esas sociedades.
Bajo el manto de la cosmovisión neoliberal y desde hace ya varias décadas, el rasgo característico del capitalismo es la concentración de capital en pocas manos, en una magnitud y nivel inéditos, es lo que la argentina Rosa Segato, viene llamando ahora, la “dueñidad”, aunque, en honor a la verdad, Fidel Castro, lo describió muy elocuentemente varias décadas atrás y, a diferencia de Segato, desde una visión marxista. También Stiglitz, —premio Nobel de Economía en 2001—, con la publicación, en 2012, de su libro: El precio de la desigualdad. El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita. (Madrid. España: Editorial Taurus), lo demuestra con datos sumamente gráficos e incluso, Stiglitz de tendencia socialdemócrata, introduce en el prefacio de ese libro, el concepto de lucha de clases para referirse a como la sociedad estadounidense pasa de la cohesión social a la lucha de clases.
Es justo, por tanto, desde nuestro Sur Global, superando antípodas superficiales, reclamar con el italiano Antonio Gramsci (1891-1937) y con el peruano José Carlos Mariátegui (1894-1930), entre otros, influenciados por Carlos Marx (1818-1883), una actuación verdaderamente antimperialista y, sobre todo, la creación heroica de una perspectiva epistemológica y metodológica más coherente desde y con el Sur Global. En ese entendido, debe comprenderse que, el Sur Global, expresan un compromiso con la defensa del mundo multicéntrico y pluripolar como reconocimiento de la emergencia, en los planos geopolíticos y geoeconómicos de las naciones de lo que se viene denominando como tal.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, el Sur Global, al calor del pensamiento de estos pensadores de influjo marxista, puede constituirse en la verdadera referencia que asume el pensamiento descolonial para oponerse a la dominación imperial. Estos intelectuales, en términos gramscianos, no solo son los encargados de la construcción de la hegemonía, puesto que le dan conciencia y homogeneidad al grupo fundamental que surge de la estructura, y le permiten ser la dirección del bloque histórico. A decir verdad, con Gramsci se pone en marcha una nueva estrategia eficiente para luchar por el socialismo y que se expande más allá del proletario como sujeto indiscutible de la revolución, y es que Gramsci sugiere luchar en el terreno de las ideas y no circunscribirse a la lucha de clase proletario-burguesía en los términos tradicionales. Mariátegui, efectivamente, propone atender las particularidades de ALC.
De la misma manera, lo que le otorga un prestigio superlativo a Gramsci es su enfoque estratégico en las sociedades desarrolladas de occidente. En tanto que en este siglo XXI debe tenerse presente, como bien lo subrayaba Mariátegui, en alusión al modelo clásico de Europa Occidental, que “no queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva”. La particular interpretación marxista de Mariátegui es lo que le otorga el mérito de una visión propia, endógena sobre América Latina, lo cual evita la interpretación de nuestra realidad desde el enfoque eurocéntrico.
Asimismo, el Libertador Simón Bolívar, inspirador de la Revolución Bolivariana, aún sin haber podido ser marxista, en la Carta de Jamaica (Kingston, 6 de septiembre de 1815), realiza, podría decirse, un estudio sociológico, manifestando las particularidades y posibilidades de los pueblos hispanoamericanos para alcanzar su independencia del yugo español. Sin ánimos de pecar de dogmatismo, está claro que, el único modelo societal realmente antagónico al sistema excluyente capitalista, es el socialismo cuya racionalidad no está reñida con el bolivarianismo y tampoco con los pensamientos autóctonos, desde el indígena hasta el emancipador de nuestra primera independencia, por el contrario, todo este cuerpo debe sincronizarse para interpretar y transformar acertadamente la realidad latinoamericana, como bien lo enfatizó Mariátegui.
De cualquier manera, la realidad en marcha bajo una globalización neoliberal que cada vez se sustenta en una financiarización del capital y un paradigma energético que, pese a la cacareada transición a la descarbonización, sigue encontrando al petróleo como su principal vector, pone en evidencia la no homogeneización y no simplificación de la estructura de clases sociales que descanse en una masa proletaria homogénea que se enfrente a la clase capitalista, todo apunta a que el actual desarrollo de las fuerzas productivas que presagian un nuevo paradigma industrial ha hecho más compleja la estructura de clases, sin negar que la dualidad capital-trabajo siga en marcha. Esto nos debe llevar a un profundo y debate serio sobre el Sur Global y sus intríngulis en este siglo XXI, desde luego, apartando las falsas corrientes que se autocalifican de críticas pero que hacen el juego al capital.
Huelga señalar que, desde el pensamiento crítico y descolonial antimperialista consideramos que resulta imprescindible construir nuestra propia narrativa con nuestras propias categorías, en fin, atrevernos a construir nuestros propios presupuestos teóricos, epistemológicos e incluso metodológicos bajo la visión y uso de categorías propias del Sur y no acudiendo a los parámetros eurocéntricos y a la racionalidad occidental que distorsiona la realidad y llega a justificar las agresiones sin precedentes que, en nombre de la lógica del capital, se siguen cometiendo contra el Sur Global. Por eso es tan importante no solo la resistencia desde el Sur Global, sino atrevernos a construir una verdadera epistemología desde el Sur, una ética desde el Sur y, en síntesis, atrevernos a pensar desde adentro, desde y por nuestro Sur Global.
Mirándolo desde el Sur Global y, particularmente, desde “Nuestra América”, como la denominaba acertadamente tanto Francisco de Miranda como, lo hizo posteriormente José Martí, el pensamiento político, sociológico y filosófico de Gramsci, fundamentado en Marx, aún de las varianzas entre el siglo XX y el siglo XXI, sigue teniendo vigencia en la búsqueda de nuevos ámbitos emancipatorios y formas de luchas populares e incluso comunales como los esfuerzos que en el caso de VB se ha propuesto con la Ley Orgánica del Plan de la Patria las 7 Grandes Transformaciones 2025-2031, publicada el 24 de mayo de 2025, en Gaceta Oficial N° 6.907 Extraordinario.
Dentro de esta perspectiva, es notorio que, pese a un nuevo siglo y del cúmulo del significativo avance tecnológico y científico, así como el desarrollo de nuevas formas y métodos políticos de participación, consustanciados con los nuevos paradigmas energéticos no se puede negar que en el Sur Global aún persiste el fenómeno de la exclusión y ello encuentra en Gramsci y, más ampliamente, en el pensamiento crítico de los marxismos del Sur, pertinencia.
El Sur Global Debe Superar las Incongruencias de Ciertas Epistemologías que Dicen Representarlo

Más allá de todos los esfuerzos todavía se registran incongruencias que no deberían tener asidero en las epistemologías del Sur o, por lo menos, en los presupuestos de los marxismos del Sur. En efecto, es un absurdo dentro de una epistemología critica antiimperialista, aquellas consideraciones de “capitalismo con rostro humano”; “capitalismo verde”, basado en la huella verde y la descarbonización y con el cual se busca la prosecución de un capitalismo amigo con el ambiente, es lo más absurdo, eso no es posible en un modelo que privilegia las finanzas, incluso, por encima del ser humano. Las transnacionales, en su racionalidad capitalista, seguirán privilegiando el uso preponderante del petróleo en nombre del beneficio económico y financiero, por ende, sus discursos sobre el medio ambiente y lo ecológico seguirá su curso de hipocresía.
Tampoco es honroso lo del “capitalismo violeta” que aborda el feminismo, ajustado a los marcos de la economía de mercado y, por consiguiente, intensificando la explotación de las mujeres, bajo la propaganda engañosa de una igualdad de género que no ocurre en la realidad. Asimismo, es absurdo lo de “pos capitalismo” y “capitalismo bueno”, entre otras categorías posmodernas que lejos de resolver las tragedias y contradicciones de lo insostenible del modelo capitalista lo que hacen, por decirlo de algún modo, es “limpiarle la cara” y contentarse con cuestionar y criticar ciertos aspectos derivados y consecutivos del capitalismo, dejando intocables las causas y la ontología que lo mantienen y los desastres tanto ambiental como económico y social que, entre otros, genera, me refiero a la cosmovisión neoliberal que busca la mercantilización de todo, sin excepción.
Desde luego, esto no es nuevo, pues Marx, inicia el primer capítulo de su Tomo I de El Capital, con “La Mercancía”, la cual entendida como producto simultáneo del trabajo y poseedora de un valor de uso y de un valor de cambio, como sustancia y magnitud del valor, respectivamente, le permite advertir que el capitalismo tiene como fin la mercantilización, vale decir, la asignación progresiva de valor de cambio a todas las cosas, incluidos los seres vivos y los humanos. Efectivamente, para Marx “la riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un «inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma elemental”. (2008, p.3. El capital -Tomo I-. Crítica de la economía política, 2008. 3ª edición —cuarta reimpresión— México: Fondo de Cultura Económica).Esto pone en evidencia el fetichismo de la mercancía, y su secreto, acápite último del capítulo de La Mercancía.
Actitudes de análisis como estas, a pesar de autodefinirse como parte del pensamiento crítico, lo que hacen es el juego al sistema de dominación imperialista que estimula el capitalismo en aras de su hegemonía. Sin romper esa lógica mercantil que busca conceptualizar y trazar todo en términos de mercancía, el sistema capitalista sigue intacto. Es erróneo, incluso, estúpido pensar que, con la utilización de prefijos, como, por ejemplo, pos, al decir, posindustrial, poscapitalista, el problema está resuelto. No estamos negando que en el actual contexto del siglo XXI exista lo nuevo.
De hecho, hay aspectos inéditos en el capitalismo contemporáneo, pero, como advertía el economista y geopolítico marxista de formación y militancia, egipcio, Samir Amin (1931-2018) —fiel representante del pensamiento crítico del Sur Global y uno de los intelectuales más grandes del siglo XX—, los vocablos para revisar los nuevos cambios en el marco del capitalismo siguen siendo vagos y conviene revisarlo en el marco de una perspectiva crítica con el capitalismo. Como bien lo señala el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, en su libro: De la sociología de la descolonización al nuevo antimperialismo decolonia (2022, España Akal) “el posmodernismo y el posestructuralismo como proyectos epistemológicos están atrapados en el canon occidental y reproducen en sus esferas de pensamiento y en su práctica una forma particular de colonialidad de poder y del saber”. (2022, p. 77)
Para ilustrar esto, podemos recurrir al concepto de “capitalismo de la vigilancia”, definido por la socióloga estadounidense Shoshana Zuboff, aunque esta lo hace desde una crítica funcionalista–liberal y no marxista, deja en evidencia, específicamente en su libo: La era del capitalismo de la vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (2021. 3ª. Edición. Colombia: Paidós Estado y Sociedad, Editores) las desproporciones de la acumulación de datos por parte de las grandes corporaciones tecnológicas, como consecuencia de la hipertecnología. Este desarrollo de las tecnologías también lleva década financiarizando la economía, incluido el mercado petrolero, más en provecho de las grandes corporaciones y las elites de las clases dominantes que de los habitantes de los Estados nación del Sur Global, por ello, entre otras razones, el enfoque marxista sigue teniendo asidero en el debate epistemológico y sobre todo en el que necesitamos construir en el Sur Global. Es una gran farsa, como piensan y aseguran los posmodernistas que los pos y las sociedades de los pos, superan los conceptos de clase y de lucha de clases. Ni el capital ni el anticomunismo han muerto.
Hay que advertir, sin embargo, que, en el Sur Global existen diversas epistemologías y concepciones teóricas, lo importante es reivindicar las de carácter verdaderamente anticolonialistas y antimperialistas, que, a diferencia de todas las otras, no se limitan o circunscriben a un cuestionamiento o a una crítica sobre el modelo societario capitalista, sino que apunta a su transformación, entendido en la tesis XI de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Por eso es tan oportuno reivindicar una epistemología en el Sur que venga influenciada por la concepción teórica marxista, eso es lo fundamental.
No voy a entrar en los intríngulis de las diferencias sobre las corrientes o tendencias que coexisten en las epistemologías del Sur, eso implicaría no un artículo sino, por lo menos, un denso capitulo. En todo caso, intelectuales como Enrique Dussel (recientemente fallecido,2023), Néstor Kohan, Ramón Grasfoguel, Javier García Fernández, Nayar López Castellano, Daniel Montañez Pico, José Guadalupe Gandarilla Salgado y Boanaventura de Sousa Santos, entre otros, han precisado no sólo en sus presupuestos epistemológicos y teóricos las diferencias que anidan en el Sur, sino que han dejado claro la separación de las epistemologías con sustancia marxista y filosofía de liberación con las falsas tendencias que se autocalifican como parte del pensamiento crítico en nuestro Sur Global. De este modo, en su obra se produce una desmitificación que pone en su lugar las perversiones y debilidades del eurocentrismo.
De cualquier forma, con ellos apuntamos a la reivindicación de una epistemología y teoría anticolonialista y sobre todo antiimperialista que no se detiene en la elaboración de análisis holísticos, sino que, bajo el influjo del Marx, fundamentalmente desconocido, trasciende y pasa a la acción transformadora de la realidad social, incluida las relaciones internacionales y, por supuesto, lo petrolero que será el tema que abordaré de un modo más preciso con datos en la siguiente parte.
Sobre el Marx desconocido y no eurocéntrico, advertiré que es el que debemos reivindicar en las epistemologías del Sur, nos referimos al Marx anticolonialista, anticapitalista y antimperialista, el Marx occidentalista y dogmático es una creación aberrante de la ideología occidental que se pretende introducir en lo académico, desprovisto del menor sustento teórico. Además, pareciera que se incurre en el error de asumir en virtud del lugar del nacimiento del autor su condición o visión teórica, desde esa miopía intelectual, Marx y Gramsci, serían eurocéntricos, tan solo por haber nacido ambos en Europa, uno en Alemania y el otro en Italia, respectivamente. El tema sobre el Marx desconocido lo he trabajado más ampliamente y está publicado en trabajos anteriores, como: Petróleo y Socialismo en el siglo XXI (2005, Caracas: Impreso en el Instituto Municipal de Publicaciones); Desafíos para la construcción del socialismo en el siglo XXI. Una mirada desde la experiencia venezolana. (mayo, 2022, Revista Intersaberes. N°.3, pp. 5-11. Caracas-Venezuela.) Igualmente, Retos para la transformación del Estado en el siglo XXI(Julio-diciembre, 2022. Revista de Historia y Ciencias Sociales Tierra Firme. N° 120, pp. 73-111. Caracas-Venezuela: Centro Nacional de Estudios Históricos. Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno a través de la Fundación Centro Nacional de Historia); Gramsci y el sur global: más allá del economicismo. (marzo, 2025Revista Amérika Latina y Karibe. Debate e ideas. N° 20, pp. 10-11. Caracas-Venezuela).
En tal sentido, las rivalidades geopolíticas en el ámbito petrolero no escapan a esta realidad y desiderátum; por consiguiente, es fundamental estudiarlo, haciendo hincapié en los argumentos teóricos, epistemológicos y hasta metodológicos que contribuyan a la epistemología anticolonialista, anticapitalista y antiimperialista que se reclama en el Sur Global como pensamiento crítico de vanguardia. Lo contrario es seguir validando la dominación eurocéntrica sobre nuestro quehacer científico, académico, cultural y hasta ideológico, operado desde la dinámica que impone la dictadura y autoritarismo del mercado y el capital, fiel cosmovisión del sistema capitalista. En realidad, los pos son un vulgar modismo que busca confundir y sobre todo enmascarar la alienación y dominación del capital sobre la sociedad global.
Desde luego, las lógicas de las relaciones de dominación de Occidente sobre el Sur Global van más allá de lo económico, aunque todas ellas al calor del discurso desarrollista y la cosmovisión neoliberal venden la ilusión de que copiando y replicando los valores occidentales se puede alcanzar el paraíso de la riqueza y la “supremacía” occidental, por las deformaciones culturales y la alienación y el fetichismo de la mercancía que eso conlleva, nuestro mundo de economía dependiente se termina asemejando en los niveles de consumo superfluo. Más de medio siglo atrás la teoría marxista de la dependencia, desarrollada por André Gunder Frank, Vânia Bambirra, Theotônio dos Santos, Ruy Mauro Marini, entre otros, tras analizar el papel de América Latina en las relaciones económicas y de dominación mundiales, demostraron y llegaron a la conclusión de que la salida del “subdesarrollo” no vendría a través del desarrollo capitalista clásico, sino rompiendo con la condición de subordinación en la que estos países habían sido insertados.
A propósito, el egipcio Samin Amin, uno de los más grandes intelectuales del siglo XX, Ante la posibilidad de que un país periférico rompa con las relaciones de dominación, desarrolló y propuso el concepto de desconexión (Véase, su libro: La desconexión. Hacia un sistema mundial policéntrico, publicado en castellano en 1988), como parte de las nuevas herramientas teóricas para pensar la transición al socialismo. La tesis de la desconexión busca, ante todo, que los países periféricos ejerzan el control del proceso de acumulación interna, que les permita un desarrollo más autónomo, no sujeto a la dinámica e intereses económicos, sociales, geopolíticos y culturales de los centros; más aún, al interés de las élites económicas y empresas transnacionales.
Como se sabe, la teoría de la dependencia, en su versión marxista, atribuye el subdesarrollo de los países de la llamada periferia, al carácter histórico y subordinado de dependencia de sus economías de los países centrales, sobre todo, a la sobreexplotación del trabajo en estos países, que posibilita la transferencia de cuotas de plusvalía más altas. Para Amin, esto se da a escala mundial, como parte de un sistema de acumulación que reproduce un patrón de dependencia para ciertos países que los imposibilita aspirar al desarrollo o salir del subdesarrollo. Ya Marx en El Capital. Crítica de la economía política, específicamente en el capítulo XXIII de su primer tomo, titulado: La Ley general de acumulación capitalista,deja claro conabsoluta claridad y determinación que “esta ley determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital. Por eso, lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario, es decir, en la clase que crea su propio producto como capital, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo y de ignorancia y degradación moral”. (2008, p.547. (El capital. Crítica de la economía política -Tomo I-., 2008. 3ª edición —cuarta reimpresión— México: Fondo de Cultura Económica).
Adicionalmente, en el capítulo XXIV: “La llamada acumulación originaria” del tomo I de El capital. Crítica de la Economía Política, Marx demuestra que tal acumulación de capital se fundamentó y fue posible gracias a la apropiación, por un lado, por parte de Europa sobre las riquezas de “Nuestra América” y, por otro lado, por la esclavización de África por parte de Europa. De manera tal que, ALC se adhiere a la lógica del capitalismo desde el momento mismo del “descubrimiento” y conquista. Hasta aquí está primera parte sobre el Sur Global que resulta fundamental para estudiar posteriormente su rol presente y futuro en la reconfiguración de la geopolítica petrolera mundial en el siglo XXI.









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