Por: Tito Olivo
Desde hace ya muchos años, siendo yo apenas un muchacho, oía un refrán que se aplicaba cuando alguien obtenía un triunfo pírrico: «Vale más la sal que el chivo». Esta expresión popular encierra una verdad económica y logística fundamental: ocurre cuando el costo de una operación o negocio supera con creces el valor de lo que se intenta adquirir o lograr.
Traigo a colación este refrán porque Estados Unidos intenta vender como un logro el supuesto rescate de un oficial que se eyectó de su avión tras ser derribado por fuerzas iraníes, mientras realizaba una operación de bombardeo en territorio de esa nación.
La narrativa oficial estadounidense presenta la maniobra como un éxito. Sin embargo, la realidad parece ser distinta: la operación en un aeropuerto abandonado al sur de Isfahán —que algunos analistas consideran una maniobra de engaño y retirada urgente bajo el pretexto del rescate— terminó en un cuestionable desenlace ante la intervención de las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán.
Si analizamos los hechos, incluso bajo la versión de Washington, el balance es desolador. Para «recuperar» a un solo hombre, han tenido que aceptar la destrucción de varias aeronaves y la pérdida de otros efectivos. Es aquí donde entra la suspicacia: cuando se trata de pérdidas de equipos militares de alto costo, el Pentágono suele recurrir a eufemismos como «fuego amigo», fallos técnicos en la cubierta de los portaaviones o accidentes fortuitos. Sin embargo, Irán no solo sostiene haber derribado las aeronaves, sino que presenta las pruebas: restos calcinados y equipos destruidos.
Esta situación nos recuerda inevitablemente a Pirro de Epiro (319-272 a.C.), el rey helenístico y brillante general moloso que, aunque fue comparado con Alejandro Magno por su talento militar, pasó a la posteridad por un error estratégico. Tras sus costosas batallas contra la República Romana en Italia y Sicilia, acuñó el concepto de «victoria pírrica»: triunfos que, aunque nominalmente exitosos, terminan desangrando y arruinando al vencedor.
Al observar las recientes acciones de Estados Unidos, resulta difícil no ver el mismo patrón. Si les creemos la versión de que lograron sacar al piloto, el costo material, humano y de prestigio ha sido tan desproporcionado que la conclusión es inevitable: en esta operación, definitivamente, valió más la sal que el chivo.






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